Proyección

Este artículo no trata un tema cinematográfico; sin embargo, es una analogía útil, que probablemente el psicoanálisis tomó de aquel ámbito ingenioso, que se remonta a la invención del taumatropo, en 1824 (*): hablo de la psique como proyectora de potentes imágenes en movimiento en cualquier relación humana.

…como es Adentro es Afuera.

 

En principio, la proyección se definió como un mecanismo de defensa psicológico adscrito a nuestra esencia; es de origen inconsciente, y deviene de la intolerancia o desconocimiento de ciertos contenidos de la psique difíciles de reconocer como propios. En este caso, tomando como referencia el “ideal del yo”, es decir, aquellas identificaciones que hemos hecho con nuestros padres, o con otras figuras igualmente idealizadas, pueden llegar a ser una obstáculo para la psicodinamia del individuo, es decir, para el proceso de hacer conscientes aquellos contenidos únicos e íntimos, ya que, como dice el propio Freud, ese ideal yoico es “un modelo al que el sujeto intenta adecuarse”. O también podemos mencionar desde la Psicología Arquetipal, en paralelo, lo que simboliza la máscara que hemos construido desde temprana edad, y que es lo que también somos como persona ante los demás.

 

Entonces, ¿qué pasa cuando la emocionalidad, el pensamiento o la fantasía ya no se adecuan a ese modelo desarrollado desde la infancia o desde nuestra exposición a los patrones sociales y culturales? La respuesta: confusión, sufrimiento, intolerancia, incertidumbre, ambigüedad, miedo, entre otros.

 

La culpa es uno de aquellos aspectos mayormente proyectados a un  Otro (individuo, comunidad, ideología o cualquier rasgo diferenciado). Y constituye solo uno de los sentimientos que pertenecen al amplio espectro de lo que se ha denominado la Sombra Personal, concepto desarrollado por el psicoanalista Carl Gustav Jung, en el que se reúne no solo aquello que repudiamos de nosotros mismos, sino todo aquello que desconocemos, sea valorable o no para sí.

 

Dentro de un proceso de revisión personal, podríamos captar más fácilmente a través de la experiencia ya asimilada, que proyectar la culpa de lo que nos sucede, o atribuir la causa de nuestro comportamiento a algo en el afuera, responsabilizando a otro, es lo que tiene mayor preponderancia en la vida relacional. Y está en la primera línea de la lista de contenidos psíquicos, que  nos traen consecuencias, tales como: conflictos cotidianos y constantes; relaciones de dependencia; estancamiento en el odio y la  ira; la vivencia atronadora de celos infundados; agresión verbal y física, e incluso, como lo hemos visto en el mundo, motivos de enfrentamientos,  e incluso declaraciones de guerra.

El desconocimiento o la evasiva ante los aspectos de nuestra Sombra personal, y colectiva, no nos hace mejores, ni más controlados; ni más civilizados; al contrario, nos hace más vulnerables ante una probable posesión de la sombra. Es una fuerza psíquica que puede en un momento dado raptarnos, sin consciencia ninguna, y arrastrarnos al submundo de la oscuridad, que siendo tan desconocido, es aterrador y caótico.

 

En la literatura hay un ejemplo emblemático que describe muy bien la presencia latente de la sombra personal en nuestra psique inconsciente, y que ha estado al alcance de todos, precisamente por su representación en el cine, y otras versiones en cómics y series de tv: es “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde”, novela escrita por Robert Louis Stevenson en 1883: El Dr. Jekyll es un amable y afanado médico, que se transforma en el violento y despiadado Mr. Hyde.(citado por Connie Zweig y Jeremiah Abrams, 1991: Encuentro con la Sombra).

 

Los procesos terapéuticos de corte psicodinámico, e incluso aquellos con un enfoque humanista, le dan un protagonismo central al abordaje y reconocimientos de la sombra personal. Y la proyección es uno de los fenómenos psíquicos a través del cual podríamos captar su radio, aun cuando sea de forma menuda y volátil, debido a la dificultad de aprehensión. Como paciente y psicoterapeuta lo haremos como aquel espectador sufriente que vivifica dentro de sí el drama de un film, el cual, se revela mucho más en las fugaces transiciones, en las elipsis, en los silencios o en la ampliación o acercamiento de las imágenes.

 

Al fin y al cabo, en el detalle de la expresión, en la palabra, en los sueños y fantasías se encuentra el despunte del tejido que conforma el lenguaje de nuestro mundo interno.

*(dibujos separados que al girar con un hilo, se creaba la ilusión de ver una sola imagen)

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