Los Vinculos

La imagen de un puente es la más acertada para representar los vínculos afectivos. De hecho, utilizamos un lenguaje común para referirnos a la características de ambos: construir buenas bases; lograr estabilidad, seguridad; conexión con otro lugar apartado o dificil de acceder; comunicación e intercambio; salida o entrada a otros ámbitos; y muchos otros que hacen referencia a su estructura y a su fin. La permanencia en el tiempo de estas edificaciones depende del material y precisión con el que fue hecho; así como de las necesarias restauraciones y reparaciones por contingencias inevitables.

 

Sin embargo,  también en ellos está contenido lo opuesto al  cuidado y sentido más profundo de las formas de intercomunicación. M refiero a aquellos puentes donde se han librado guerras, ataques; o han sido lugares estratégicos para desatar la violencia, la inoperancia o la devastación. Los puentes, los vínculos, son objeto de sabotajes e inesperados ataques, sobre todo cuando creemos en su absoluta firmeza. Esto los  hace vulnerables, como esencialmente somos los seres humanos. No hay un error en ello, no hay falta, ni estupidez. Hay entrega, hay amor, hay un sentido de lealtad y coherencia cuando hemos elegido construir vínculos con otro. Y aunque no hay garantías, es un riesgo que todos estamos dispuestos a asumir, consciente o inconscientemente, cuando nos conectamos con esa otredad, que no terminaremos de conocer, ni aún en la cercanía. Nos ocurre a todos, a cada uno: aún siendo adultos no somos un producto hecho, definitivo; somos un contínuo en constante transformación.

 

Por eso los puentes son del mismo modo una metáfora del propio vínculo con nosotros mismos: con nuestra psique y  emociones. Y también pueden sufrir sabotajes y desvelos mientras que, una y otra vez encontramos la manera de acceder a ellos; de cruzar hacia lugares contrapuestos; de atraversalos sustentando un profundo miedo y angustia; y reparando constantemente sus bases.

 

O simplemente tenemos que abocarnos a construir otros puentes. Erigir otra conexión elevada, asentando sus bases en un terreno distinto; quizá más accesible, quizá más retador. En definitiva, seguir en la inacabable búsqueda, en la exploración de todo aquello que nos define o que nos diferencia.

 

Elevar otros puentes consiste en dejarse llevar por la esencia (que muchas veces no es aprehensible); dejarse guiar por nuestro instinto psíquico. Pero sin abandonar el pensamiento, la reflexión,  y la percepción de todos aquellos signos que también contribuyen a la compresión de sí y del otro: estar en atención a vida experiencial,  que no es una vida vicaria, seca o aislada.

 

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